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Aspectos, hechos y personajes del Renacimiento (X). Las artes plasticas: Arquitectura (II)

Aspectos, hechos y personajes del Renacimiento
Las artes plásticas
La arquitectura

ITALIA

Centrándonos en la arquitectura de aquella época, hay que citar y de forma destacada a, Filippo Brunelleschi, que sería el arquitecto más famoso del S. XV, así como el pionero en aplicar el principio anteriormente referido de la perspectiva en la arquitectura. Él, junto a Donato di Níccolo de Betto Bardi (Donatello), en su faceta escultórica, y Tomasso di Giovanni di Mone Cassai (Masaccio), en la pictórica, formaron la indiscutible triada del hecho cultural y del nuevo  estilo renacentista.



seccion de la cùpula de la catedral de Florencia.
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La fama de Brunelleschi está asociada, sobre todo, a la ejecución, en 1420, de la majestuosa e innovadora cúpula, coronada por una linterna octagonal, de la catedral de su ciudad natal, Florencia, trabajo que realizó sin necesidad de la elaboración de la previa y habitual cimbra. Esta pieza, de sorprendente belleza y armonía, considerada como obra maestra y alarde de virtuosismo técnico, ha sido calificada  como un logro más propio de un ingeniero que de un arquitecto, pues la cobertura del gran espacio interior, exigía cualidades y conocimientos que exceden de los que meramente son exigidos a un arquitecto.

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Otros exponentes de sus brillantes trabajos, son el Hospitalde los Inocentes, y la “Capilla de los Pazzi”. Ejecutados ambos en Florencia, el primero lo llevó a cabo en 1419, siendo el primer edificio renacentista de dicha ciudad, en sentido estricto, en el que destaca el Pórtico-Logia. Haciendo un uso inteligente de proporciones simples da una armonía satisfactoria a la logia siendo esto lo que la llena de significación para el futuro. Los arcos se basan en la medida del orden de las columnas, y esas magnitudes no sólo determinan la altura y la luz del propio arco, sino que se extiende en profundidad en las proporciones de los intercolumnios, rompiendo así con la tradición de su uso en las bóvedas de aristas.

Respecto al segundo, la Capilla de los Pazzi, se aprecia en él, como en ningún otro edificio, la sensibilidad florentina, aunque emplea arcos en semicírculo romano y columnas griegas, funde estos elementos clásicos en una composición que no recuerda a los griegos ni a los romanos. De esta forma, Brunelleschi hace gala de una sensibilidad suya muy especial, una armonía, una delicadeza, una seguridad con solidez, y a la vez, sorprendentemente, una ligereza que lo hacen único.

Leon Battista Alberti, es también, aun manteniéndose ligeramente al margen de la triada anteriormente mencionada, compuesta por Brunelleschi, Donatello y Masaccio, una figura realmente importante de la época renacentista. Nació más tarde que los citados y él fue el último en morir, estando considerado como el prototipo del hombre universal por su polifacética actividad, destacando como arquitecto y tratadista. En su obra se aprecia la realización de los ideales renacentistas: equilibrio, mesura, armonía y profunda ciencia.

Entrada de la Iglesia de
San Francisco de Rímini,
también llamado el 
Templo Malatestiano.
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Una de sus principales obras sería la que le encargó el “condottiero” Segismondo Malatesta, que consistió en la transformación de la “Iglesia de San Francisco”, de Rímini, de factura gótica, en el “Templo Malatestiano”. En este trabajo, adaptándose a las formas que imponía el concepto arquitectónico pero incluyendo en él también elementos de referencia a otro edificio más antiguo de Rímini, como es el arco de Augusto, que combinó libremente con elementos del arco de Constantino en Roma, consiguió establecer lo que puede ser la prueba de su continua preocupación en su trabajo: La fusión del arco triunfal clásico con la sección basilical.

Otros trabajos importantes de Alberti son la fachada de la Iglesia Santa María Novella, con la novedad que representaba las ménsulas invertidas, y la del Palacio Rucellai, ambas en Florencia. En la ciudad de Padua son dos los edificios suyos que destacan,  las iglesias de “San Sebastián”, y deSan Andrés.

En su señalada actividad como tratadista, hay que consignar el “Tratado de pintura”, llevado a cabo en 1435, en el que expuso por primera vez las leyes de la perspectiva y las reglas para la obtención de figuras tridimensionales sobre planos bidimensionales como el papel, la tela, o los muros. Siguiendo la misma actividad, en 1452, publicó “El arte de la construcción o los diez libros de la arquitectura”, el cual basado en un tratado de Vitruvio realizado en el S. I, a d C, y en sus propios estudios y experiencias, fue el primer tratado sobre arquitectura que tuvo el Renacimiento.

Donato d’Angelo Bramante, acreedor a ser destacado como  pintor, y a la vez, a ser considerado como el mayor arquitecto del Renacimiento italiano, se significó en esta faceta por revitalizar el legado clásico. Heredero de los modos del citado Brunelleschi, añadiría al estilo de éste un renovado interés por la perspectiva que le llevó a crear singulares efectos de profundidad y espacio en sus obras. Ejemplo y auténtico símbolo de este logro, es el templete de “San Pietro inMontorio, en Roma, que llevó a cabo por encargo de la casa real española. Este edificio de planta centralizada, configuración entonces absolutamente nueva, se convertiría en el modelo de iglesia votiva para el periodo conocido como Alto Renacimiento. Asimismo, otras destacadas obras suyas son, las iglesias, Santa María presso San Satiro”, y Santa María delleGrazie”, que se hallan en Milán, no debiéndose ignorar que fue también uno de los arquitectos que intervino en la construcción de la Basílica de San Pedro.
Templete de San Pietro in Montorio, obra de Bramante.

Del país transalpino es imposible omitir la gran figura del Renacimiento italiano, como es la del genial Miguel Ángel, escultor, pintor, y arquitecto. Su excepcional personalidad artística dominó el panorama creativo del S. XVI, concibiendo con su figura y obra, la idea respecto de él, que sea considerado como un ser singular e insólito que supera de manera amplia las convenciones ordinarias.

Al transcurrir la vida de tan extraordinario artista en las ciudades de Roma y Florencia, en ellas se hallan sus obras maestras. Estas, que sin duda, le proyectaron a la fama, y por las que al día de hoy es universalmente conocido, son las famosas esculturas de “Baco”,  la “Piedad de San Pedro”, y el “David”. En pintura, su creación más sublime sería la decoración del techo de la “Capilla Sixtina”, que llevó a cabo por encargo del Papa Julio II.

Reconstrucción de un diseño de Miguel Ángel
 sobre la 
fachada de la Basílica de San Lorenzo de Florencia,
por medio de una proyección luminosa, el año 2007.
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En lo que concierne a la arquitectura, y no porque no lo mereciera, al pasar de los años, no ha obtenido un gran reconocimiento, a pesar de aportar nuevos y geniales elementos. En esta faceta, debe consignarse, la realización del diseño de la fachada de la Iglesia de San Lorenzo, en Florencia, ciudad en la que también llevó a cabo la obra de la Capilla delos Medici. Esta capilla, para cuya construcción utilizó mármol y piedra serena, alberga los sepulcros que efectuó para Giuliano –Duque de Nemours-, y de Lorenzo –Duque de Urbino-. Igualmente en la capital toscana, por encargo del papa Clemente VII, se ocupó de la construcción de la Biblioteca Laurenciana”.  


Proyecto de Miguel Ángel para
 la planta de San Pedro del Vaticano.
Ya en Roma, aparte de su participación puntual tanto en el proyecto como en la construcción, de la Basílica de San Pedro, es preciso señalar las obras correspondientes a la “Plaza del Capitolio, y al “Palacio Farnesio. Llamativas y sorprendentes, por constituir los antecedentes directos del trazado urbano del Barroco Temprano, son las últimas obras que también efectuó en la capital italiana, La Vía”  y La Porta Pía”.

Aspectos, hechos y personajes del Renacimiento (IX). Las artes plasticas: Arquitectura (I)

Aspectos, hechos y personajes del Renacimiento
Las artes plásticas

La arquitectura

Dentro de las artes fue en la arquitectura donde fue más notable el resurgir de lo antiguo, al lograr actualizar los viejos y antiguos estilos, concibiéndose las obras, desde su proyecto, bajo un aspecto absolutamente antropométrico, al tener siempre presente las medidas del ser humano. Esto condujo a que se tendiera, a partir de entonces, a calificar al imperante estilo gótico, de indisciplinado y carente de armonía. En las nuevas construcciones se inició la sustitución de la verticalidad del referido estilo por la horizontalidad, eliminando la decoración, y prefiriendo la pilastra a la columna, persiguiendo a la vez, dar a las edificaciones una apariencia más ligera.

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Emulando la actitud de los filósofos y pensadores, los arquitectos, al igual que el resto de los artistas, ambicionaban alcanzar objetivos innovadores que se plasmaran en la simetría, la perfección y la armonía en sus obras. Con este fin, recurrieron al estudio de las proporciones que el famoso arquitecto de la antigua Roma, Marcus Vitruvius Pollio, hizo, en el S. I. A.C. Precisamente en este trabajo, se inspiró, Leonardo da Vinci, para realizar, a finales del S. XV, a lápiz y tinta, uno de sus estudios del cuerpo humano, trabajo extraordinariamente famoso que sería conocido como El hombre de Vitruvio. En el refleja su peculiar visión del hombre como centro del Universo, tomándose como modelo a sí mismo, estudia las proporciones humanas, lo que le condujo a la conclusión de lo que sería definido como la divina proporción, considerado uno de los grandes logros en todas las artes, del Renacimiento.

En el estudio reseñado anteriormente, el cuadrado, usado en toda la arquitectura clásica, simboliza la Tierra, y el círculo, el Cielo, y lo que comenzó a denominarse la divina proporción, se asimiló a la interpretación teórica que se derivaba de lo que era conocido como numero áureo. Este, resulta ser un número algebraico inconmensurable, que posee muchas propiedades interesantes, descubierto en la antigüedad no como unidad sino como relación o proporción. Su hallazgo se  atribuye a Pitágoras, que pensó que había hallado una expresión matemática del “principio de analogía”.

Olvidado desde que el matemático griego, Euclides, lo incluyó, 300-265 a.d.C, en sus famosos “Estudios formales de los elementos”, definiéndolo con la siguiente frase: “se dice que una línea recta está dividida en el extremo y su proporcional cuando la línea entera es al segmento mayor como el mayor es al menor”, no volvió a despertar interés, tan mágico número, hasta el Renacimiento.

Luca Pacioli demostrando uno
de los teoremas de
 
Euclides (Jacopo de'Barbari, 1495).
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El matemático, Fray Luca Paciolli, (1445-1510), fue el que le dio el nombre de la divina proporción, y el astrónomo y matemático, Johannes Kepler, (1571-1630), lo consideró como uno de los tesoros de la Geometría, estableciendo la relación anteriormente consignada para rectángulos y triángulos. Remitiéndose al matemático de comienzos del S. XIII, Leonardo da Pisa, conocido después como Fibonacci, encuentra en las propiedades matemáticas halladas en distintos números, por el citado matemático, conocidos por ello, como números de Fibonacci, entre otras la siguiente peculiaridad: Si vamos dividiendo entre ellos –los número de Fibonacci-, consecutivos cada vez mayores, su cociente se acerca al valor 1.618033. . . Siendo esta constante la que se denomina número de oro, número áureo o divina proporción, a la que históricamente se le han atribuido propiedades estéticas.

Finalmente, Da Vinci, como ya se ha señalado, representó gráficamente el número áureo demostrando las proporciones del cuerpo humano, siendo después a lo largo de los años, aplicado el referido número a la Arquitectura, las Bellas Artes, la Naturaleza, y hasta a la vida cotidiana.



Similar importancia al hallazgo anteriormente señalado, y de una inconmensurable repercusión en las diferentes artes, fue el descubrimiento y consiguiente interpretación de la perspectiva. La misma, resultó ser el fantástico sistema que permitía representar sobre una superficie plana de dos dimensiones, el efecto volumétrico de los objetos, en un ambiente de fingida profundidad, distinguiéndose la perspectiva lineal y área. La primera es aquella que atiende, para su formación, a las líneas que convergen en un punto de fuga, y la segunda, es la que tiene por objetivo perfeccionar la perspectiva lineal, representando la atmósfera que envuelve a los objetos, esfumando las líneas convergentes, eliminando los límites de forma y color, dando una impresión muy real de la distancia. Claro ejemplo de ello, puede contrastarse al contemplar obras como “La última cena”, de Leonardo da Vinci, o “Las Meninas”, de Velázquez. 


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